Diagnostico precoz del cancer

Establecer un diagnóstico precoz de un cancer presenta connotaciones de indudable importancia. En efecto, el detectar el proceso tumoral en sus fases iniciales se acompaña, casi siempre, de disminución de la mortalidad y, consecuentemente, de una mejora en el pronóstico. Para ello, nos valemos de dos armas: la educación sanitaria y los estudios de detección selectiva.

Con respecto al primero, es necesario que la población conozca los signos que en fases tempranas puede producir un tumor. Las señales de “alarma” han sido ampliamente difundidas y recomendadas por la Organización Mundial de la Salud. Incluyen los llamados síntomas guía del cancer y son:

  1. Cambios en los hábitos del intestino
  2. Hemorragia o flujo anormal
  3. Ulcera o heridas que tarda en curar
  4. Tos o ronquera persistente
  5. Engrosamientos o bultos en la mama u otras zonas
  6. Deglución dificultosa o indigestión fácil
  7. Alteraciones patentes en verrugas o lunares

Cabe añadir a estos síntomas la utilidad de practicar una citología vaginal periódica así como la necesidad de consultar al médico cuando de forma no explicable, se produzcan síntomas como perdida de peso, cansancio o sudoraciones nocturnas.
Por su parte, los estudios de detección selectiva se orientan ha grupos amplios de población o personas que presentan alteraciones genéticas relacionadas con canceres familiares. Básicamente, las pruebas que cabe realizar serian las siguientes:

  • Cancer de cuello uterino (citología vaginal)
  • Cancer de mama (autoexploración, mamografía)
  • Cáncer de colon/recto (sangre en heces, tacto rectal, colonoscopia)
  • Cancer de vejiga urinaria (citología de orina, sedimento urinario)
  • Cancer de cavidad bucal (revisiones de boca)
  • Cancer de esófago (fibroscopia)
  • Cancer de próstata (determinaciones de PSA)
  • Cancer hepático (determinaciones de alfafetoproteina)
  • Cancer de piel / melanoma (observación )
  • Cancer de pulmón (radiología de tórax, citología de esputo)

Todo ello, junto a medidas encaminadas a evitar el contacto con sustancias carcinógenas, harían que al menos un 75 % de casos pudieran evitarse o ser susceptibles de una terapia precoz y, presumiblemente, curativa.

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