Psicología y Cáncer

El poder de la palabra

La importancia que tiene poder decir a alguien que nos escucha lo que nos está sucediendo no es poca cosa. Los psicólogos nos enfrentamos cada día a la evidencia de que lo “no dicho, lo no hablado” se transforma, canaliza y vehiculiza al cuerpo haciéndose éste soporte, contenedor del malestar. Una enfermedad, por más leve que se presente, nos enfrenta a la vulnerabilidad de la condición humana. El espejismo de “el estar bien/sano” en el que nos sumergimos en el día a día se ve resquebrajado. Así que los síntomas pueden agravarse y hacerse cada vez más insoportables.

Frecuentemente ante el diagnóstico de cáncer se puede producir un fuerte choque emocional que conlleva una “ruptura” o “caída subjetiva” (desplome) en la vida del paciente en todos los ámbitos. Este se enfrenta a una serie de cambios (familiares, sexuales, laborales, sociales) que normalmente conducen a una crisis o momento de gran inestabilidad. Hay que pensar que la persona, una por una, es fruto de experiencias y vivencias particulares, y que así también de única y personal será la respuesta dada al afrontar la situación.

En este proceso se suceden diversas FASES con distintos problemas que el enfermo debe ir haciendo frente:

  • Fase previa a conocer el diagnóstico: es relevante el conocimiento previo que la persona tenga sobre la enfermedad y sus síntomas y sus experiencias previas con ella (por ejemplo familiares diagnosticados con algún tipo de cáncer y su proceso). Todo este conocimiento previo influirá en su comportamiento, en su primer contacto con la enfermedad.
  • Comunicación del diagnóstico e identificación con el papel de enfermo que puede aceptar o rechazar. En la mayoría de los casos generará angustia (ansiedad), conflicto y desestructuración temporal de la personalidad. Este período genera sentimientos de desesperanza y desesperación, disforia y ansiedad, depresión, enfado y dificultad para concentrarse y mantener las actividades y funciones cotidianas.
  • Después de conocer el diagnóstico se puede producir una negación de la situación (que puede ser sólo temporaria) o bien una adaptación gradual a ésta. Es importante que se produzca un cambio que permita al paciente aceptar poco a poco el hecho, con la consiguiente disminución de la ansiedad inicial, para lo cual puede necesitar ayuda psicológica. Este proceso variará en función de las características psicológicas (previas) del sujeto y de las de la enfermedad y tratamiento que se apliquen.

La empatía y cordialidad del equipo sanitario pueden resultar determinantes en el proceso curador, y en algunos casos, serán más efectivas que la comunicación verbal. Es muy importante sostener una buena comunicación con el paciente ya que esta producirá una mejor y mayor “adaptación” a la enfermedad y sus limitaciones, menor presencia de efectos secundarios, de ansiedad y síntomas depresivos, mayor calidad de vida, etc.

 

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